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PANORAMA INTERNACIONAL

Arzobispo denunció “corrupción y mala gestión” en el Vaticano
Medios italianos revelaron hoy el contenido de una carta que Carlo María Viganó dirigió a Benedicto XVI haciendo la denuncia
ElComercio.pe, 25 de enero de 2012
Roma (EFE). El actual nuncio de la Santa Sede en Estados Unidos y ex secretario general del Governatorato de la Ciudad del Vaticano -el gobierno que gestiona el Estado-, el arzobispo Carlo María Viganó, denunció en una carta a Benedicto XVI la “corrupción y mala gestión” en la administración vaticana, informó hoy la prensa italiana .
Los diarios “Corriere della Sera” y “Libero Quotidiano” publicaron extractos de esa carta, divulgada por el conductor del programa “Gli Intoccabili” (Los intocables), del canal de televisión privado La7, Gianluigi Nuzzi, que dedicó hoy el espacio a este tema.
Segun Nuzzi, citado por “Libero Quotidiano”, el arzobispo italiano, de 70 años, envió una carta a Benedicto XVI el 27 de marzo de 2011 en la que se lamentaba de “las corruptelas y privilegios” que había visto tras asumir el cargo de secretario general del Governatorato en julio de 2009.
“Beatísimo Padre, el que (yo) pueda ser trasladado (a otro puesto) causaría desconcierto en todos aquellos que creyeron que era posible sanear tantas situaciones de corrupción y prevaricación desde hace tiempo radicadas en la gestión de las diferentes direcciones” de la administración vaticana, escribió Viganó al papa, según Nuzzi.
En otra carta, según Corriere della Sera, Vigano escribe: “Jamás habría pensado encontrarme ante una situación tan desastrosa“, que pese a ser “inimaginable era conocida por toda la Curia”.
“NO EXISTE TRANSPARENCIA”
El arzobispo denunció, señala el diario milanés, que en el Vaticano “trabajan siempre las mismas empresas, al doble que otras de fuera, debido a que no existe transparencia alguna en la gestión de las contratas de construcción y de ingeniería”.
También denunció, entre otras, que la Fábrica de San Pedro, que se encarga del mantenimiento de los edificios vaticanos, presentó una cuenta “astronómica”, de 550.000 euros, por la construcción del tradicional portal de Belén que se colocó en la plaza de San Pedro en 2009.
Viganó denunció también que los banqueros que integran el llamado “Comité de finanzas y gestión” se preocupan más de sus intereses “que de los nuestros” y que en diciembre de 2009 en una operación financiera “quemaron (perdieron) 2,5 millones de dólares“.
El prelado relató en sus misivas al Papa que durante su gestión logró que el Vaticano pasara de ocho millones y medio de perdidas en 2009 a un beneficio de 34,4 millones en 2010.
Según Nuzzi, Vigano con su política de rigor se ganó muchos enemigos y que por ello fue sacado del Governatorato y enviado como Nuncio (embajador) a EE.UU., cargo para el que fue nombrado el pasado 19 de octubre.

Rico, pobre, revoltoso… ¿Qué más?
Olga Barikova (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info) 17 de enero de 2012

A los ciudadanos de Estados Unidos les empieza a molestar la prosperidad ajena. Los habitantes del país de las oportunidades y del ‘Sueño’ estadounidense cada vez son más pesimistas en lo que se refiere a sus propias posibilidades de realizar este sueño tan suyo.

Más aun, este estado de ánimo ha llegado ya más allá de Estados Unidos. En muchos países, tanto prósperos como pobres, va creciendo el descontento con la existente situación económica y social.

El creciente abismo entre los ricos y los pobres representa una tendencia internacional. Es un proceso que observamos tanto en Estados Unidos, como en la próspera Europa y en la descontenta Rusia. Según economistas y sociólogos, vamos paso a paso hacia un mundo de odio entre clases y de guerras civiles.

Los participantes en el Foro Económico Mundial (FEM) en su informe ‘Riesgos Globales 2012’ calificaron la estratificación social en función del nivel de ingresos como una de las amenazas más importantes. Los especialistas del centro de estudios estadounidense Pew Research Center determinaron que dos tercios de la población de Estados Unidos consideran la desproporción entre los ricos y los pobres ‘grande’ o ‘muy grande’.

Según el estudio publicado la semana pasada por Pew Research Centre, esta diferencia entre ingresos ocupa el primer lugar en la lista de problemas de carácter social para los norteamericanos y ha dejado atrás los problemas tradicionales como las relaciones entre los inmigrantes y la población autóctona, así como entre los blancos y los negros.

El mundo está sublevado

Según el informe de Pew Research Center, en los dos últimos años la cantidad de estadounidenses que perciben una gran diferencia entre los ricos y los pobres ha subido un 20%, y entre ellos están tanto los pobres como los ricos. Esta gran diferencia en ingresos la subraya el 64% de encuestados con ingresos familiares anuales inferiores a 20.000 dólares y el 67% de encuestados que ganan más de 75.000 dólares al año.

La mayor parte de los que califican la ruptura entre los ricos y los pobres como grande son jóvenes de 18 a 34 años de edad. Precisamente los jóvenes son la fuerza motriz del movimiento de protestas Ocupa Wall Street que surgió en Estados Unidos en septiembre del año pasado y fue apoyado en varios países europeos, como en Canadá y Australia.

Decenas de miles de personas en Gran Bretaña, Suiza, Alemania, Canadá y Australia salen a las calles para protestar contra el desempleo, las instituciones financieras nacionales y la minoría rica. Y todo ello se observa en los países relativamente prósperos y socialmente estables.

La protesta contra la desigualdad social se manifestó también en forma de desordenes que tomaron a principios de agosto a las ciudades más importantes de Gran Bretaña. Miles de jóvenes destruían y saqueaban tiendas y prendían fuego a automóviles. Los desórdenes dejaron cinco muertos y 300 heridos. En total fueron detenidas más de 2.000 personas, una gran parte de las cuales tenía menos de 18 años.

Las protestas revolucionarias del mundo árabe reclamaban un cambio en el poder y la democratización de la política, lo que también en buena medida fue provocado por una estratificación social muy fuerte. La lucha entre las fuerzas oficiales del gobierno y los manifestantes en los países de África del Norte y Oriente Próximo se saldó con decenas de miles de muertos.

A escala mundial la situación en Rusia, donde los ingresos de los más ricos superan en 15 o 19 veces los ingresos de los más pobres, parece tranquila. Todavía no hubo ningún tipo de tensión social por esta razón. Sin embargo, decir que las protestas de diciembre fueron resultado exclusivamente de las falsificaciones en las elecciones, sería una simplificación.

El descontento inactivo que madura dentro de los jóvenes rusos y los hace salir a protestar tiene mucho en común con el que brota en las calles de Nueva York.

Bancarrota de la sociedad

Las revoluciones árabes, las protestas, empezando por el Ocupa Wall Street en Estados Unidos y llegando a los disturbios en Londres y en otras ciudades europeas del verano pasado son, en gran parte, una consecuencia de la estratificación social, según el director del Instituto de Problemas de la Globalización y Movimientos Sociales, Boris Kagarlitski.

Y al parecer, irá de mal a peor. Los economistas del FEM señalan que tanto los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo se encuentran en el grupo de riesgo. En los Estados desarrollados los que protestan se quejan de la pérdida de su estatus social y la reducción de ingresos. Sus equivalentes de países en vías de desarrollo reclaman el crecimiento de dichos ingresos.

El resultado de la estratificación por ingresos junto con un déficit presupuestario crónico es capaz, según economistas del FEM, de sumergir la economía y política a nivel mundial al nacionalismo, populismo y proteccionismo.

La culpa de ello la lleva la política liberal aplicada por los Estados desarrollados, según Boris Kagarlitski. “Las políticas, orientadas hacia mercado libre son la causa de polarización de riqueza y de pobreza. Y dicha polarización hace a la mayoría de la población irse del mercado de consumo. Es una política cuyo fin consiste en maximizar la riqueza de los que están por encima del sistema y aunque en este sentido es eficiente, pagamos por ello con la bancarrota de la sociedad como tal”, comentó el experto.

En su opinión, la clase media constituye los cimientos de una sociedad estable. Sin embargo, ésta es capaz de sobrevivir exclusivamente en condiciones de política socialdemócrata, mientras que el liberalismo destruye a la clase media.

Estamos volviendo al odio entre clases?

El punto de inflexión, según varios analistas, tuvo lugar a principios de los años ochenta del siglo pasado, cuando en Gran Bretaña llegó al poder la primera ministra Margaret Thatcher y en Estados Unidos, Ronald Reagan. Propusieron los principios de individualismo y valores de mercado como pilares de ideología dominante, y acabaron con una sociedad tradicional basada en los principios de bienestar común, señalan Boris Kagarlitski y el profesor honorario de la Universidad de Middlesex Clive Bloom.

La premisa económica de promoción de la política liberal, según Kagarlitski, fue la cancelación por el presidente de Estados Unidos Richard Nixon del patrón de oro para el dólar. El cambio de rumbo del Estado social al neoliberalismo tuvo lugar en 1971, cuando Nixon abolió este patrón.

Como resultado, surgió un déficit global de dinero. Dicho patrón garantizaba que en el caso de una devaluación de la moneda una cantidad equivalente en oro, ésta mantenía su precio. Quitado el patrón oro, el dinero no está asegurado y los gobiernos no se atreven a imprimirlo. Así surgió una nueva excusa estándar: el “no poder permitirnos el lujo de tal o cual cosa”, explica el experto.

Según el experto, hace 30 años el mundo era más pobre que ahora, pero “hasta países relativamente pobres podía permitirse la educación y la sanidad gratuitas, así como una serie de bienes sociales que hoy o no existen o no tienen financiación suficiente por los gobiernos que se quejan de no tener dinero”. La falta de protección social agrava el problema de estratificación de ricos y pobres y es capaz de provocar desordenes, guerras y revoluciones”, añade el experto.

Los disturbios de Londres y de otras ciudades europeas han demostrado que el mundo puede volver a la era de odio entre clases, admite Clive Bloom. “Es posible que volvamos al odio entre clases, dándole un nombre distinto… todo dependerá de consumo y de cuestiones económicas”, subraya.

“Las entrevistas con participantes de los disturbios [de Londres] demuestran que ven un abismo entre los muy ricos y los demás” añade el profesor de sociología de la Universidad de Leeds Paul Baggaley.

El problema de desigualdad social es característico de todos los Estados, cree Clive Bloom. “Es un problema común, pero en cada país se manifiesta de manera distinta: en Alemania y Rusia deviene en nacionalismo, en Francia, en auge revolucionario y de una u otra manera está presente en cualquier país” explica experto.

Rusia “está esperando el momento apropiado”

Para Boris Kagarlitski resulta curioso que en Rusia, donde desde hace 20 años siempre existen todos los indicios de cataclismos sociales, no “ocurra nada dramático”. “Si hablamos de las desproporciones sociales, la situación en Rusia parece mucho peor que en cualquier país de Europa Occidental, pero la imagen general sigue siendo tranquila”, dice Kagarlitski, que añade que “la historia está esperando el momento apropiado”.

Según Kagarlitski, el abismo entre los ingresos de los ricos y de los pobres en Rusia es tan grande que obligatoriamente provocará protestas masivas que pueden tomar formas distintas, desde el modelo estadounidense, como el Ocupa Wall Street, al árabe.

Su opinión la rebate el director del Centro Ruso de Estudios de la Opinión Pública Valeri Fiódorov. En su opinión, la tendencia al aumento de la diferencia entre los ingresos de los pobres y de los ricos no es de carácter global y no tiene nada que ver con Rusia.

“Es una tendencia característica más para países industrialmente desarrollados, en primer lugar, Estados Unidos”, comentó. “Antes de la crisis [económico-financiera] tenían el sueño estadounidense: ‘Sí, somos pobres, pero honrados y pronto nos convertiremos de limpiabotas en millonarios’. Sin embargo, la crisis demostró que se trata de un sueño que no se cumplirá nunca”.

Según Fiódorov, en los países en vías de desarrollo y, en primer lugar, en los del bloque BRIC (Brasil, Rusia, India, China), la tendencia es la contraria. “Vemos allí el crecimiento de la clase media. Cada año en India, China y Brasil esta clase crece en decenas de millones de personas”.

En cuanto a Rusia, la crisis ha frenado el desarrollo activo de la clase media que empezó en el 2000. Según el experto, precisamente el desarrollo de la clase media es capaz de estabilizar la situación económica y contribuir a una percepción de la diferencia en ingresos algo menos dramática.

Cómo se calcula la diferencia en ingresos? Se coge un 20% de los más pobres y un 20% de los más ricos. “No creo que esta correlación se disminuya, pero la clase media tiene que crecer en número y hay que buscar una línea fiable de crecimiento económico: entonces la clase media crecerá y la diferencia en ingresos será percibida de manera mucho menos dolorosa” explica Fiódorov.

Todos los expertos coinciden en que, independientemente del grado de estratificación social en distintos países, el principal grupo de riesgo está formado por jóvenes que no ven oportunidades en el mercado laboral y reaccionan a las manifestaciones de la desigualdad social de manera mucho más activa que la generación mayor.

Repitiendo la Historia: Los Ultra…
Nora Fernández (especial para ARGENPRESS.info) 17 de enero de 2012

No hace tanto WealthX un sitio con su central en Singapur emitió un reporte que identificaba el número exacto de los ultra ricos, en el mundo. Los motivos de WealthX no son precisamente criticarlos sino encontrar formas de facilitar el funcionamiento de las redes de ricos y ultra ricos, creen, parece, que les falta conectarse. Pero en el proceso de identificarlos el reporte ha contribuido a hacerlos más “reales” para todos nosotros, contribuyendo a que pierdan la cubierta que otros ricos, menos ricos que ellos, les han estado prestando. No se si se han fijado, pero es casi normal en Norte América hablar de los ricos pero incluir en ese espacio a todos quienes tengan entradas superiores a los 250 000 dólares anuales. Pero sabemos que los ricos no reciben sueldos sino que tienen entradas por ganancias de capital.

El reporte identifica a un total de casi 186 mil super ricos, gentes con 30 millones de dólares o más, y dentro de este grupo a un subgrupo de ultra ricos que tienen mucho más. Estados Unidos continúa siendo el país con más super ricos del mundo, con unos 58 mil, y es seguido por Europa y avanzando rápidamente les sigue Asia. Dentro de esos 58 mil super ricos estadounidenses, un subgrupo tiene más de 1000 millones de dólares. Y ese subgrupo que no es demasiado grande y podría reunirse en los salones de un buen hotel son 455 personas. El que parece ha de ser el candidato a presidente por el partido republicano, Mitt Romney, no es uno de esos 455, su fortuna es de “apenas” 250 millones de dólares, y sin embargo es igualmente un candidato a presidente rico que se une a la lista de otros candidatos ricos del pasado, entre ellos el más notorio personaje, Ross Perot.

Que la información de WealthX se haga pública en un momento histórico crítico para los Estados Unidos y el mundo, cuando miles de norteamericanos han perdido trabajo y casa y muchos de ellos viven en la calle, no deja de ser significativo. Pienso, que nos informa sobre el nivel de arrogancia de la oligarquía norteamericana y mundial, que se pavonea públicamente de su riqueza y su nivel de control sobre el gobierno, incluso en tiempos de creciente angustia y empobrecimiento para los habitantes, ya no de la periferia, sino de los países centrales. Será por eso que Mitt Romney confrontado con el asunto de que es demasiado rico para ser presidente ha dicho públicamente lo que la oligarquía siempre ha pensado: que los millonarios tienen que gobernar porque son superiores que el resto.

Nos habla también, pienso, de cuanta confianza tienen en que no tendrán respuesta. No puede dejar de llamarnos la atención que 455 personas, los dueños reales de los Estados Unidos, se sientan tan seguros de su control sobre más de 300 millones de conciudadanos -incluso si tienen copada la estructura política entera, controlan los bancos, está de su lado la policía, los cuerpos militares y hasta la Ley-. Todos estos elementos importantes de control podrían ser sacudidos de un golpe si la población fuera capaz de ver, pues entendería entonces el tamaño del engaño y posiblemente se rebelaría. Pero, se han encargado muy bien no sólo de distraer a la población, sino de unificarla en torno al concepto de “clase media”, concepto incluyente que deja a fuera solamente a los más ricos y a los totalmente desposeídos. Y han logrado vender además una perspectiva falsa y ahistórica basada en que “todos podemos aspirar a hacernos ricos y que encontraremos la felicidad en el consumo.”

Profesionales de toda laya, científicos, abogados, comerciantes, pero también trabajadores con algún sobrante, apuestan su futuro en la bolsa y sueñan con que ganarán en esa lotería controlada, como cualquier ruleta, por la banca. Se separan de su realidad cotidiana hasta quienes ganan salarios miserables; no alcanzan a comprender que no son parte de ese mundo y que no están incluidos más que para pagar los gastos de la festichola que se están dando los ricos que tienen el poder. En Estados Unidos esos 58 000 ricos son dirigidos activamente por miembros de los 455, subgrupo de ultras que participan y planean el futuro de todos, un futuro que para nosotras y nosotros ha de ser quizás de pesadilla, pero que ellos piensan no les afectará -protegidos como están por todo su dinero-.

No es de extrañar que así pensaran también los aristócratas franceses camino de la Revolución de 1789; y quizás, hasta seguirían pensando de esta forma hasta que escuchaban llegar los carros que los transportaba en grupos a la guillotina. Porque los ultra ricos no son cuerdos, y menos son brillantes como nos quieren hacer creer, son adictos al poder y al dinero. Y cuando de entre ellos surge alguno que piensa, como Warren Buffet, y argumenta lo lógico: que bien vale la pena pagar impuestos al capital, antes de perderlo todo, los demás no le escuchan confiados en que la marea alta nunca ha de bajar porque ellos la controlan. Pero es cierto que super y ultra ricos pueden pagar impuestos al capital sin problemas e incluso continuar aumentando su riqueza mientras lo hacen. No quieren hacerlo, su adicción al dinero y su arrogancia no les permite ver la sabiduría del consejo de Buffet por lo que continúan su marcha hacia el cadalso que ya muchos comienzan a adivinar inevitable.

Años atrás Claude Rosenberg, un banquero multimillonario de San Francisco, trató también de conscientizar a los más ricos argumentando que podía probarles que donando 10 veces lo que donaban aún continuarían acumulando riqueza (http://www.sfgate.com/cgi-bin/article.cgi?f=/c/a/2008/05/06/BAR110HQJH.DTL). Argumentaba que valía la pena dar, si dando lográbamos vivir en una sociedad mejor, más feliz y generosa. Pero ni Rosenberg, con su apelación a la caridad, ni Buffet, con su apelación a los impuestos, han tenido éxito. La regla Buffet, como la llaman en Estados Unidos, no es apoyada ni por los ricos que se promueven como progresistas, como en el caso de Bill Gates que personalmente prefiere donar que pagar impuestos, aunque la caridad siempre ha sido poca y no generalizada. Los ultra ricos no quieren obligaciones por creerse con derechos sobre todo y no aceptar responsabilidad por nada.

Peor aún, siguen convencidos de que la riqueza es su logro, un logro que alcanzaron solos. El dueño de la famosa cadena canadiense Tim Hortons lo dijo así cuando le preguntaron sobre la regla Buffet. Para Joyce ya había pagado demasiados impuestos en su vida y toda su fortuna, explicó un poco indignado, la había hecho él solo. Eso de que “no le debo nada a nadie” es el argumento predilecto de los más ricos, aunque sea obviamente falso. Muestra, no sólo una falta de originalidad, empecinamiento y angostura de mente, es obvio que Tim Hortons no sería el gigante que es si millones de canadienses no compraran su café y si unos miles de ellos, en especial mujeres y jóvenes, no trabajaran por sueldos muy bajos (http://www.cbc.ca/news/business/story/2011/12/09/canadian-millionaires-taxes.html).

Como dijera mi madre, ¿no se dan cuenta acaso de que se están comiendo la gallina de los huevos de oro? Y claro la gallina de los huevos de oro somos nosotras y nosotros. Si hablo de adicción es justamente porque los adictos llegan a las últimas consecuencias porque no pueden parar, incluso si las señales de que estamos llegando al final del camino son muy claras. Es un poco como fue la invasión a Iraq, era obvio que no existían las armas de destrucción masiva, y de que se trataba de controlar el petróleo, mostrar fuerza y mantener una economía en base a la guerra. Pero Iraq fue invadido igual, su población asesinada, Faluya fue bombardeada incluso con fósforo blanco y, hoy se sabe, con armas que contenían uranio enriquecido -son claras las secuelas en los bebés recién nacidos con daños teratogénicos-. Se destruyó Iraq, su infraestructura, su gente, sus niños, su futuro, un genocidio del que comenzamos a enterarnos, y si miramos bien aún no queda claro para que. Una guerra perdida (si acaso existe una guerra ganada) y las fuerzas de ocupación recientemente retiradas, con mucho discurso y poca honra, muestran también un costo. Guerras insostenibles que cuestan alrededor del billón de dólares, millones de millones, cifras inimaginables. Para darnos una idea, imaginar que Estados Unidos ha gastado unos 20 000 millones de dólares al año solamente en aire acondicionado para sus bases en Iraq y Afganistán. Los costos humanos para los agredidos son altísimos (http://www.aljazeera.com/indepth/features/2012/01/2012126394859797.html), y son altos también los costos para los agresores ( http://www.rand.org/pubs/research_briefs/RB9336/index1.html).

Por eso, quizás, cuando usamos una perspectiva histórica cuesta ser optimista. Mirando el pasado para entender el presente y pensar el futuro es imposible no ver como la historia de occidente está marcada por genocidios: la esclavitud de las mujeres inicialmente, luego la esclavitud de los hombres sobrevivientes de las guerras, a continuación esclavitud como negocio y racial, seguida de genocidios de guerra, genocidios por ocupación de territorio y raciales, genocidios por ideas, odios de clase y odio a los más pobres. Detrás de todos los genocidios, el enriquecimiento de algunos, esto a costa del dolor y sufrimiento de miles, de millones de seres humanos de carne y hueso. Nuestra sofisticación ha aumentado, vivimos en sociedades de guerra. Sólo una adicción puede explicarnos este nivel de maldad y de corrupción y esta total falta de aceptación de responsabilidad, esta falta de honor.

 

 

El Golfo Pérsico: Fiel de la balanza
miércoles 11 de enero de 2012

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

El Golfo Pérsico no es el ombligo del mundo aunque lo parece. No se trata de un espacio que coyunturalmente asume un protagonismo desmesurado, sino de una especie de fusible de la economía y la seguridad global que, de dispararse alteraría delicados equilibrios; Estados Unidos e Irán lo saben y con datos conocidos, en tiempo real, elaboran sus opciones.

La fijación norteamericana con Irán y Corea del Norte pudiera considerarse como un caso de “indignación selectiva”, diplomáticamente cubierto con el eufemismo de “doble estándar”.

Aunque de cara a las gradas Estados Unidos realizó tímidos esfuerzos por impedirlo, no dramatizó el acceso de China (1964) e India (1974) a las armas nucleares.

Cuando en plena Guerra Fría y en lo más intenso del conflicto con la Unión Soviética, China realizó su primera prueba nuclear, probablemente Estados Unidos se alegró porque apareció otro adversario atómico que obligaba a Moscú a cuidarse las espaldas. Respecto a la India, la mayor democracia liberal del planeta, aliado estratégico norteamericano en un área de influencia de los entonces gigantes del comunismo, las administraciones estadounidenses miraron para otro lado.

Con Pakistán, un país endémicamente inestable, gobernado autoritariamente y donde la violencia alcanza rangos excepcionales, la situación resultó más preocupante, entre otras cosas porque, además del conflicto con la India, se trataba del primer país que asoció la fe al átomo y allegó los fondos para crear la primera “bomba islámica” mediante una especie de colecta o tómbola nuclear a la cual, con millonarias donaciones, contribuyeron Libia, Irán, Arabia Saudita y otros estados.

El dinero venció prejuicios y derribó barreras de modo que países occidentales suministraron a Pakistán la tecnología necesaria para refinar uranio y procesar plutonio para, a pesar de las presiones, ruegos y llamadas por teléfono de Bill Clinton, debutar no con una, sino con cinco explosiones atómicas el mismo día.

Con Corea del Norte el problema está centrado en la seguridad de Corea del Sur y Japón, la primera hasta hoy adversario irreconciliable de la tierra de los Kim y el otro en ruta de colisión estratégica pues en esa zona, excepto China protegida por su gigantismo y relevancia geoestratégica, no se puede ser a la vez socio de Estados Unidos y de Corea del Norte.

De la tolerancia respecto a Israel y de la que una vez hubo con Sudáfrica, no hay nada que añadir, excepto la moraleja de que el problema no son las armas atómicas sino de parte de quien están sus poseedores.

Sin los pozos de petróleo del Golfo Pérsico, el Medio Oriente sería menos interesante que el desierto de Gobi y a Estados Unidos le importaría un bledo qué armas tuvieran hebreos, persas o árabes. El problema no son los ayatolas, Ahmadineyad ni la bomba atómica, tampoco lo eran Saddam Hussein ni Gaddafi, lo importante es el petróleo que en un horizonte probable dentro de 150 años será más estratégico que ahora.

La globalización comenzó cuando el descubrimiento de América dio lugar a la formación del mercado mundial y se consolidó cuando Europa, los Estados Unidos, Japón y China, para funcionar y desarrollarse comenzaron a depender de fabulosas cantidades de energía que no son capaces de producir. Las potencias no se resignan a depender de los débiles.

Al concluir la Primera Guerra Mundial, una contienda europea ganada por Estados Unidos, la administración de Woodrow Wilson impuso a Europa los Tratados de Versalles mientras les permitió un nuevo reparto del mundo en virtud de cual Francia e Inglaterra se apoderaron del Medio Oriente, que entonces no interesaba a Washington. En aquel momento el petróleo no era estratégico, se vendía a menos de diez centavos el barril, Estados Unidos poseía las mayores reservas conocidas y era el primer exportador.

Lo que prevalece en el contencioso del Golfo Pérsico no son motivaciones ni argumentos ideológicos o proyectos políticos innovadores, sino elementos geopolíticos, actitudes imperiales y capacidades militares que implican no sólo a Estados Unidos e Irán sino también a Arabia Saudita, Irán, Jordania y sobre todo a Israel.

Tal vez la élite estadounidense no necesite administrar directamente la cuarta reserva mundial de petróleo, pero le preocupa que esté en manos del gobierno iraní, una rareza nacida de la llamada “Revolución Islámica” que ha corregido la evolución del proceso civilizatorio en esa parte del mundo que, como antes lo había hecho occidente, apostaba por la secularización y el laicismo que conlleva a la separación de la fe del poder político.

La derrota del Sha y el acceso al poder de los ayatolas, más que cambiar un país, alentó las opciones de importantes fuerzas sociales, políticas y de relevantes factores culturales y confesionales que estimulados por el proceso iraní, como huevos de un mismo nido, eclosionaron y dieron lugar a procesos políticos de pronóstico reservado.

Estados Unidos y Europa comprenden que, a largo plazo, de confirmarse y consolidarse la tendencia del retorno del Islam al poder en el Medio Oriente y otros lugares, el entramado neocolonial y los esquemas de dominación imperial edificados a lo largo de medio milenio y con ellos el predomino occidental serán confrontados. Mientras haya una civilización y una cultura que pretenda la hegemonía, existirá el caldo de cultivo para un conflicto entre ellas.

Para hacerlo todo más complejo, no sólo para el imperio y sus aliados, los procesos asociados a la “primavera árabe”, de origen liberador y avanzado peligran, no por la llegada de los musulmanes al poder sino porque entre ellos como entre los cristianos, los judíos, como entre laicos, materialistas y ateos hay también conservadores, reaccionarios y retrógrados. Allá nos vemos.

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